El pantano de Tibi


Una de las primeras noticias que conservamos sobre una obra hidráulica, más concretamente de una conducción de agua o acueducto, en las proximidades del Pantano se debe a Gaspar Escolano que en 1610 dice “[…] Ya los romanos parece que atinaron en parte el conducto desta agua, tan necesaria para el riego de la vega de Alicante por esta misma canal: porque en ella a un lado, a la mano derecha, se halla por dentro de la peña viva abierta y minada una larga acequia que los vecinos de por allí llaman de los enamorados y debió de durar hasta el tiempo de moros”. Testimonios posteriores los encontramos en los textos del deán Bendicho en el siglo XVII y en la obra de los padres jesuitas Juan Bautista Maltés y Lorenzo López en la centuria siguiente donde nos describen como “[…] El conducto pasa por Montnegre, en parte se encuentran montes minados y en valles y barrancos vestigios de arcos de cal y canto y a la otra parte de la partida que llaman de Casalet a la vista del río de Muchamiel después del cerro de Montnegre quedan todavía dos arcos derruidos y otro cerca del Pantano”

Estos restos de origen romano, aún identificables, comienzan en la misma pared del pantano y vienen a perderse en la partida de la Pólvora, algo por encima de la vieja ermita del Chapitel. Su recorrido hasta este punto se acerca a los 10 km. sin que hasta el momento se hayan detectado tramos subterráneos. Básicamente se trata de un muro de hormigón, de altura variable, que sustenta la caja o specus de sección rectangular con una dimensión media de 60 x50 cms. y enlucida con opus signinum.

Por tanto, desde la antigüedad queda evidenciada la necesidad de canalizar el agua de este río para abastecer la Huerta de Alicante, siendo este lugar un punto clave que se encuentra a unos 5 km., al SE de la localidad de Tibi y a unos 25 km. al NW de Alicante. El pantano de Tibi es un embalse prototípico y singular en la historia hidráulica española; presa de tipo arco-gravedad fue, con 41 metros de altura, la más alta de Europa durante dos siglos.

La irregularidad del caudal del río Montnegre dio lugar a que en el último cuarto del siglo XVI se iniciaran las gestiones para su construcción. Esta obra hidráulica se inició cuando el Consell General de la ciudad de Alicante acordó el 7 de agosto de 1579 su ubicación en el angosto desfiladero por el que discurre el río entre los cerros del Mos del Bou –en la parte oriental- y La Cresta –en la parte occidental-, en el término municipal de Tibi y para ello, se acordó la compra del terreno donde se ubicaría la pared a don Pedro Massa de Carroz, marqués de Terranova y señor de Castalla, llevándose a cabo la escritura cinco días más tarde.

Junto a estos trámites, el rey Felipe II autorizó a la ciudad de Alicante la financiación de la obra y le concedió, por vía de compensación, los diezmos y primicias de la tierras novales. De esta manera, los trabajos dieron comienzo con arreglo al diseño inicial del maestro Pere Esquierdo, vecino de Mutxamel, y a Miguel Alcarás como primer ejecutor según el deán Bendicho. A lo largo de su construcción, la obra fue interrumpida por falta de fondos cuando alcanzaba casi 6 metros de alzada. Gracias al apoyo de don Pedro Franqueza, señor de Villafranqueza y conde de Villalonga, el 22 de enero de 1590 se anunció que el rey concedía el permiso para continuar las obras, para ello, los planos iniciales fueron revisados minuciosamente por los ingenieros reales Jorge Fratín y los hermanos Juan Bautista y Cristóbal Antonelli. La consecución de las obras corrió a cargo de los maestros Joan Torres, Gaspar Vicent y Gaspar Córdoba dirigidos, por expreso mandato real, por el ya mencionado ingeniero Cristóbal Antonelli.

Cerradas las compuertas del pantano de Tibi el 13 de octubre de 1593 con 160 palmos de alzada de los 226 proyectados, la revisión definitiva de la presa fue realizada por el arquitecto real Juan de Herrera a comienzos del año siguiente. Esta presa está formada por una pared de mampostería y sillería perfectamente aparejada, con planta arqueada; la base curva con nueve metros de longitud, a los que se añaden cincuenta más en la coronación, con espesores respectivos de 33,7 y 20,5 metros. Aguas abajo, el dique dispuesto en 7 gradas poco acusadas, alcanza 42,7 metros, mientras queda en cuarenta y uno por su paramento interior, ligeramente inclinado. La capacidad originaria del vaso, hoy muy menguada por los arrastres, fue calculada en 3,7 hectómetros cúbicos. El pantano incorporó innovaciones dignas de mención; en particular el sistema de toma de aguas y la galería de salida, desarenador y aliviadero lateral. La obra quedó finalizada a mediados de 1594 cuando la pared alcanzó una altura de 196 palmos y la empresa había costado 58.023 libras, 17 sueldos y 4 dineros. Según la liquidación definitiva que se practicó de acuerdo al número de tahúllas que se beneficiaría del nuevo riego, 7.700 libras y 6 dineros debían ser abonadas por Mutxamel. Tras negarse dicho municipio a abonar tal cantidad, la sentencia de 20 de enero de 1598 lo condenó a efectuar su pago correspondiente.

En 1601, se produjo un incidente recogido por el deán Bendicho: “Sucedió en aquesta fabrica una grande rotura en 19 de abril del año 1601 y fue por averse tapado la paleta con la runa de una avenida, queriéndola destapar por la guarda que esta debió hacer mas fuerza de lo que devia y empezó a desmoronar la obra de tal manera que en media hora se bacio toda la laguna”. En cuestión de un año, comenzaron las obras para asegurar y mejorar su conservación con una camisa ataluzada. Los gastos de la reparación ascendieron a 30.000 ducados que fueron reunidos entre la ciudad y los propietarios de tierras en la Huerta en proporción directa a las tahúllas que poseían.

Algunos autores, como los padres jesuitas Juan Bautista Maltés y Lorenzo López, indicaron que el vaso del pantano, excesivamente colmatado desde 1686, había padecido algunos problemas que dieron lugar a que mediante tablones se dificultara la salida normal del agua. A esto se unió que el 13 de noviembre de 1697 tuviera lugar una fuerte avenida que rompió dichos maderos y abrió una brecha de 10x8 metros a unos 30 metros del cauce. En cambio, el marqués Jorge Próspero Verboom, prestigioso jefe del cuerpo de ingenieros militares creado por Felipe V, creía que la enorme brecha era consecuencia del sabotaje llevado a cabo por los propietarios del Agua Vieja. Aún así, sería este ingeniero quien trazara unos planos y un memorial en 1721 con un presupuesto y unas modificaciones para su reparación justificando, contrariamente a su pensamiento, que la brecha fue producto de la pésima calidad de los materiales utilizados. Aunque no sería hasta 1736 cuando comenzaron las reparaciones, según propuesta de Nicolás Puerto y a cargo del maestro Gregorio Terol. Dos años más tarde, los maestros Gerónimo Martínez, Francisco Asenssi, José Terol y Vicente Mingot declararon que la obra estaba concluida acorde a los planos y a los capítulos pactados. Por fin, el 4 de diciembre de 1738 se cerró el portón para que el pantano pudiera comenzar a embalsar de nuevo el agua y regular, de esta manera, el riego en la Huerta de Alicante; además, se remató la coronación de la presa con una cierta inclinación hacia aguas abajo.

Este incidente será recogido por Antonio José Cavanilles y el cronista Rafael Viravens y Pastor, quien hacia 1876 afirmaba que la rotura fue provocada por los dueños del Agua Vieja: “semejante desgracia fue producida sin ningún género de duda por la explosión de un barreno de pólvora preparado y dispuesto por la perversidad de algunas gentes para volar el dique”. Destaca la pervivencia de esta opinión entre los intelectuales, aunque, otros documentos culpan del incidente al inadecuado cierre después de una limpia realizada en 1688.

De los enormes desperfectos sufridos por la presa existen numerosos informes elaborados para su reconstrucción y una serie de testimonios que avalan la urgencia de estas obras como el del deán Manuel Martí, estudiados por Enrique Giménez. En este documento se justifica en seis puntos la reparación de la presa: reducción de la extensión de la Huerta, deterioro del arbolado y del viñedo, descenso de los habitantes y dificultades para el cobro de contribuciones, encarecimiento de la harina, problemas de salubridad dando lugar a la aparición de fiebres terciarias y disminución de los diezmos por el deterioro de los cultivos que perjudicaba tanto a la Iglesia como a la Real Hacienda.

Hubo averías menores en 1742, 1782 y tras la gran avenida del 7 de septiembre de 1793, recordada porque las aguas superaron la terraza del pantano de Tibi unos tres metros arruinando el aliviadero y el puente. A su reparación alude el monolito junto al puente con la inscripción:

CAROLVS IV / PATER PATRIE / PONTIS; VIAMQUE ROTIS / PROVEXIT / A. (NNO) D. OMINI) MDCCXCV

Finalmente, para mejorar esta obra hidráulica, a lo largo del siglo XX, se han realizado obras de acondicionamiento:

en 1941, se abrió un nuevo túnel de desagüe en la roca de la ladera derecha, al nivel del cauce. La entrada del primitivo fue hormigonada;

en 1944, se construyó una nueva galería de desagüe de fondo, revestida de hormigón y regulada por una compuerta metálica emplazada a la altura del cauce, junto al estribo derecho;

y, en 1945, se realizaron inyecciones de cemento para impermeabilizar y consolidar el muro que tenia pérdidas de 5 litros por segundo, contrarrestando así el efecto de subpresión que ejerce el agua al infiltrarse entre los sillares afectando a la base de la pared y aligerando el peso total de la estructura, con la consiguiente disminución de su estabilidad.

Por último, este monumento y su entorno fueron Declarados Bien de Interés Cultural por Decreto del Consell de la Generalitat Valenciana de 26 de abril de 1994, publicado DOGV el 17 de mayo y ratificado en el BOE el 16 de junio de ese mismo año.