La Huerta de Alicante


El origen de la Huerta de Alicante plantea una discusión entre los investigadores debido a la carencia de fuentes históricas concretas y seguras. La hipótesis tradicional mantiene un origen musulmán, apoyado por una tradición oral que ha pervivido hasta nuestros días de vocablos relativos a la organización del riego como dula o dawla y martava o martabat, por los nuevos cultivos introducidos y por las construcciones de los primeros brazales de la acequia Mayor tanto en su margen derecha –Alfaz, Albercoquer, Torre o Carnicería, Canelles o Lloixa y Racó- como el primero de su margen izquierda –Aljucer o Benitía-. Además, en las cartas de población concedidas tras la Reconquista aparece la fórmula de entrega de agua de riego a los colonos cristianos según costumbre árabe y en una serie de privilegios, expedidos a mediados del siglo XIII por el rey Alfonso X a la ciudad de Alicante, se mencionan mejoras para los labradores alicantinos respecto a las disfrutadas en tiempos de moros. Por último, encontramos algunas fuentes escritas que hacen referencia a la existencia de esta Huerta o de sus productos como la descripción del geógrafo árabe Al-Isidri que en el siglo XII señala la abundancia de figos, passas o azabib y aceyte en la ciudad de Alicante. Detalla como los productos no perecederos como la uva pasa, los higos secos y el esparto son exportados a todos los países del mar; mientras que, las legumbres y las verduras eran destinadas al consumo directo y al abastecimiento urbano.

En oposición, se plantea una nueva hipótesis que defiende un origen romano para el regadío de esta Huerta. Estos investigadores, en concreto los arabistas, se centran en la importancia del organismo colegiado, con poder judicial y ejecutivo, que regulaba el funcionamiento de toda la dinámica del sistema de riego porque parece ser que es de origen romano ya que este tipo de organización no existe en la legislación islámica, donde prima la autoridad individual sobre la colegiada. De esta manera, deja reducida su influencia a la utilización de norias para elevar aguas y a la importación de nuevos cultivos.

Además, algunos estudios clásicos, como los de Thomas F. Glick, demuestran la existencia de antecedentes romanos en algunos sistemas de riegos, los cuales serían desarrollados y perfeccionados por los musulmanes. Esta hipótesis se confirma al ser encontrados restos arqueológicos de canalizaciones romanas desde la fuente de La Alcornia, en el término municipal de Ibi, que pasando por la pared del pantano de Tibi, sigue el curso del río Montnegre hasta llegar a la zona del Raspeig. Esta canalización es denominada por el deán Bendicho como la acequia de los enamorados.

Realmente y hasta la fecha, no existe constancia documental del ordenamiento del sistema de riego imperante en la Huerta de Alicante con anterioridad a la Reconquista, por tanto, la pervivencia de unos vocablos árabes nos indica una huella más o menos profunda de la importancia que tuvo el ordenamiento musulmán en estas tierras, mejorando unas canalizaciones romanas existentes. Pero, al ser éstas tan escasas, la mayoría de los investigadores mantienen, con reservas, un origen musulmán del sistema de riego para esta Huerta que tras la Reconquista, sufriría unos cambios mínimos.

Las décadas centrales del siglo XIV suponen una línea divisoria en lo referente al devenir de esta área productiva denominada por Antonio Gómez López secano regado. El fértil espacio agrícola, conocido como orta Aliquantis, queda prácticamente destruido por la guerra que enfrentó a Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón, tanto en su vertiente puramente productiva como en lo que atañe a la organización del regadío; además, provocó la dispersión de la mano de obra mudéjar que la trabajaba. De las consecuencias de la guerra de los Dos Pedros se tiene constancia que con la entrada de los castellanos en la villa de Alicante, el 8 de septiembre de 1356, la mayor parte de su población abandonó el lugar e idéntico fenómeno ocurrió en la Huerta donde los infantes don Fernando y don Juan, hermanastros del rey de Aragón, recorrieron toda la vega de Alicante. Ésta debió quedar seriamente afectada ya que era costumbre talar árboles y quemar las cosechas por las tierras de la Gobernación de Orihuela.

La producción agrícola tras la Reconquista experimenta profundas transformaciones. Así, a partir del siglo XIV, los olivos y los almendros comienzan a ser paulatinamente sustituidos por un producto fácilmente comercializable, el vino. La extensión de la vid, que el deán Bendicho sitúa en la Condomina, se vio favorecida por ser la variante denominada fondillón un producto de calidad que se exporta a Europa a finales del siglo XV, siendo muy famosa y cotizada a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

La ciudad de Alicante estudia a finales del siglo XVI la posibilidad de construir un embalse que pueda solventar las dificultades provocadas por la irregularidad del río Montnegre. Con las compuertas del pantano de Tibi cerradas el 13 de octubre de 1593, encontramos un documento, estudiado por Armando Alberola, sobre el Reparto de las aguas del pantano donde se contabiliza que la superficie total de la Huerta alicantina, en 1594, era de unas 27.430 tahúllas -3.291 hectáreas- repartidas en 659 propietarios e irrigadas por 11 acequias.

En el siglo XVIII, es el botánico Antonio José Cavanilles quien nos describe los cultivos de la Huerta de Alicante; frutas donde despuntan las peras y los higos, olivos de la variedad de los grosales, viñas, almendros, algarrobos, granos, legumbres, barrilla, seda y otras producciones. En el siglo XIX, Pascual Madoz nos da una relación de una producción formada por trigo, cebada, aceite, vino, almendras, algarrobas, cáñamo, legumbres y hortalizas.

Otros estudiosos, como Manuel Sala y Pérez, añaden la producción de morera, palmeras, panizos y garbanzos; además, este investigador concreta que en Benimagrell se cultiva cáñamo, lino y arroz. En cambio, la obra de Orozco incide en los productos expuestos por Pascual Madoz, haciendo hincapié que la agricultura era la base económica de Mutxamel y la exportación de sus productos se realizaba a través del puerto de Alicante.

En cambio, Francisco Figueras Pacheco cita el algarrobo, la viña, el olivo, los cereales –trigo, maíz, cebada y avena- legumbres, hortalizas, alfalfa y frutales; destacando la decadencia de la barrilla –monopolio hispánico en el siglo XVIII ya que de sus cenizas se producía la sosa- y de la vid a lo largo del siglo XIX debido al pacto franco-español firmado en 1892, a la recuperación de las viñas francesas y al aumento de la producción argelina, unido a la disminución de las exportaciones por la aparición de la filoxera en la Huerta.

Durante el siglo XX, se sigue produciendo una asociación de cereales con el arbolado tradicional –almendro, olivo y algarrobo- ya que son cultivos poco exigentes en humedad. Junto a ellos, encontramos los árboles frutales como la naranja navel, que a lo largo de la década de los 50, vivió un momento de auge y las hortalizas como la espinaca, la acelga, el guisante verde, el ajo, la cebolla, la calabaza, la berenjena, destacando el auge que vivió el haba verde en la década de los 20 y el tomate en la década de los 60.

En los últimos treinta años, se ha observado una disminución y un abandono progresivo de la Huerta de Alicante como consecuencia por un lado, de la desaparición de la agricultura tradicional sustituida por una agricultura industrializada y por otro lado, por el crecimiento de los diferentes cascos urbanos y la creación de caminos y zonas de urbanización diseminadas por toda la Huerta. De esta manera, si en 1594 se contabilizaban unas 27.430 tahúllas, en la actualidad son escasamente 15.000.