Geografía de la Huerta de Alicante


La Huerta de Alicante es un llano litoral que se encuentra situada al NE del perímetro urbano de la ciudad de homónimo nombre. Dicha llanura ligeramente inclinada hacia el mar Mediterráneo llega hasta la línea montuosa que, partiendo de las estribaciones del Maigmó, concluye cerca del barranco de Aigües de Busot.

Este llano queda enmarcado al norte por las lomas de Xixí y las sierras de Bonalba y Ballestera; al NW, con los terrenos que enlazan con los llanos de Sant Vicent del Raspeig; al este por la costa de la playa de Sant Joan d’Alacant; al SW, por las colinas del Calvario, les Llomes del Garbinet y Lloma Redona, pudiéndose observar al oeste de Tángel las elevaciones de les Llometes y al sur, una banda costera formada por Serra Grossa, Cap de les Hortes y les LLomes del Far. Esta zona comprende una superficie de un poco más de 3.843,29 hectáreas que incluyen los municipios de Sant Joan d’Alacant, Mutxamel, El Campello y Alicante.

El clima es el típico mediterráneo, aunque Roselló Verger matiza que debería hablarse más bien de un clima subárido, caracterizado por inviernos suaves con raras heladas y un alto promedio de días despejados al año. Los veranos son cálidos y las lluvias son escasas pero de fuerte intensidad horaria. Dichas precipitaciones torrenciales, en la mayoría de los casos, resultan perjudiciales para las tierras en producción agrícola.

El río Montnegre surca este paraje de calizas negras; es definido como un río-rambla porque refleja el carácter híbrido de esta corriente que posee el fluir de un río y el funcionamiento irregular de una rambla. Su régimen típico pluvial-mediterráneo se caracteriza por dos picos máximos en primavera y otoño, siendo mayor éste último, y con un acusado estiaje en verano. En su cabecera es conocido como río Verde o Cabanes; ésta se sitúa a una altitud de 1.100 metros, en la confluencia de diferentes caudales procedentes de la Marjal de Onil y de los Ullals que nacen en la sierra del mismo nombre. Desde aquí se desliza, siguiendo una dirección SE, hacia la Hoya de Castalla donde recibe al río Ibi, procedente del Canal de Alcoi, y alcanza el pantano de Tibi. En esta zona cuenta con el aporte del río de La Torre, por la izquierda; y cerca de Mutxamel se le unen, igualmente por la izquierda, los barrancos de Vergeret, Aigüa Amarga y Busot.

A partir de Mutxamel y hasta su desembocadura en el mar cerca de la Illeta de El Campello, el río es íntegramente aprovechado por la Huerta alicantina tomando el nombre de río Seco porque su cauce, ante la falta de agua, presenta una serie de depósitos y capas aluviales de considerable espesor.

Lo más característico de esta zona es su extrema aridez que se ve alterada por fuertes lluvias de gran intensidad horaria que han acarreado devastadoras consecuencias para la economía de la Huerta. Los recientes estudios sobre oscilaciones climáticas analizan como se ha vivido una Pequeña Edad Glaciar -mediados siglo XVI hasta mediados del siglo XIX-, caracterizada por una acusada amplitud térmica, con notables sequías, rota por lluvias torrenciales e inundaciones producidas durante los otoños o las primaveras. De igual manera, esta oscilación térmica en el último tercio del siglo XVIII es conocida como Anomalía Maldá.

Las sequías o crisis locales se pueden identificar gracias a las rogativas ad petendam pluviam o pro pluvia y pro serenitate para clamar y serenar las aguas respectivamente, a los memoriales e informes realizados para las instancias políticas y a los datos procedentes del análisis de las series diezmales y de las fluctuaciones de los precios de los productos agrícolas. Algunos ejemplos interesantes que testimonian dichas crisis locales se detallan a continuación:

Durante el siglo XVII, se han contabilizado doce procesiones de rogativa pro pluvia a Nostra Senyora de Loreto, organizadas por la iglesia parroquial de El Salvador de Mutxamel.

En 1697, se encuentran datos de una sequía que persistía en la Huerta de Alicante, agravada por la rotura del pantano de Tibi. Buena parte de las tierras y de los cultivos eran abandonados y una importante parte del arbolado estaba a punto de secarse. La cosecha de vid observó crecientes menguas conforme avanzaba la década y la ausencia de agua afectó a los catorce molinos ubicados en el curso del río Montnegre. Este problema, que impidió el desarrollo normal de esta actividad, obligó a moler el cereal en lugares lejanos, lo que suponía un encarecimiento del grano.

El invierno de 1708-1709 fue especialmente frío hasta el punto que los defensores ingleses del castillo de Santa Bárbara de la ciudad de Alicante -reducto austracista del reino valenciano- tuvieron que realizar frecuentes incursiones para conseguir leña, desafiando a sus sitiadores borbónicos.

En los años veinte del siglo XVIII, la falta de lluvias en Alicante y en su término propició la celebración de rogativas a la reliquia de la Santa Faz, haciéndose éstas públicas a partir de 1725. En la década siguiente, encontramos resoluciones para que se lleven a cabo nuevas rogativas, trayendo a la iglesia colegial de San Nicolás de la ciudad la mencionada reliquia, situada en el monasterio de religiosas clarisas de homónimo nombre emplazado en la Huerta de Alicante.

Durante el siglo XVIII, se han contabilizado tres procesiones de rogativa pro pluvia a Nostra Senyora de Loreto organizadas por la iglesia parroquial de El Salvador de Mutxamel. Destaca la realizada el 11 de marzo de 1747 porque se trasladó la imagen hasta el monasterio de la Santa Faz.

En 1783, las avenidas destruyeron el puente que comunicaba Alicante con Jijona, dejando aislada esta población.

La sequía de 1789-1791 estuvo salpicada de furiosas avenidas e inundaciones como la de mediados de agosto de 1789 que provocó la rotura de los azudes de Mutxamel y de Sant Joan d’Alacant, la inutilización de la acequia Mayor de la Huerta y la pérdida de las producciones agrícolas. El azud de Mutxamel desapareció junto a su casamata de gobierno y el segundo tragante; en cambio, el de Sant Joan d’Alacant resistió pero su reparación se calculó en más de 50.000 reales.

Durante la noche del 7 de septiembre de 1793, las aguas superaron la terraza del pantano de Tibi unos tres metros cayendo hacia la Huerta cortando caminos, además, ocho molinos harineros dejaron de funcionar y se volvió a perder la cosecha. Un año más tarde, a principios de abril, de nuevo se padecería una nueva avenida mientras se iniciaba el proceso de reconstrucción de los azudes. Ahora quedaría inutilizado el Molí Nou.